Todos hemos escuchado en nuestras vidas esa gran frase o una similar: "¿Tienes una peseta que me prestes?". Y es que en tiempo de desesperos, todos hemos acudidos a pedir una. Recuerdo ir a los centros comerciales cuando niño y ver las maquinitas de juguetitos surtidos que por una peseta me darían algo para entretenerme por mucho menos de veinticinco minutos hasta llegar a mi casa y asumir que por acto de magia esos juguetitos desaparecían y volvían a aparecer en las fábricas chinas donde fueron creados. No solo eran juguetitos los que me volvían impaciente al esperar que mi madre o padre encontraran una peseta en sus bolsillos, si no, que esas roba monedas color rojo también guardaban dulces. Y no sé si llamarlo genio o la persona mas cruel del mundo pero lo cierto es que el que creo la patente de tal maquinitas inquietó y tranquilizó mi niñez muchas veces. Parece, además, que muchos de nosotros mantenemos la tradición de pedir la peseta en nuestras vidas mucho después de la niñez. Llegamos a la adolescencia y recuerdo que si yo no escuchaba "¿tienes una peseta que me prestes?" varias veces al día, entonces, asumía yo que no era un día normal. Entiendan que yo no siempre fuí el recipiente de esa pregunta también opté por pedir la pesetita para un pastelillo de pizza con icee en ocasiones.
Y para los que se han visto caminando por alguna calle llena de vagabundos o un semáforo oportuno para alguna persona pedir limosna, esa peseta resulta ser una esperanza para aquellos sin techo y hambre o aquellos que buscan para cubrir los gastos de un familiar enfermo...idealmente, por que en muchos de los casos esa peseta va para una curaíta.
Pero hay algo significante de esa moneda y su valor. Representa un cuarto del dolar monetariamente hablando y un cuarto del cien numéricamente hablando. Económicamente es un valor que satisface encontrar en los bolsillos y físicamente representa una etapa en nuestras vidas donde nos pone calcular cuanto tiempo nos queda para esto y lo otro. Ya llegué ahí. Recientemente cumplí mis veinticinco...mi peseta. Ahora tengo ciertas preocupaciones corriendo por mi mente que antes parecían estar en un bóveda. Lo que espero hacer con mi peseta, o sea, mi vida es que sirva de utilidad como esa pesetita que siempre estuvimos buscando y regalando para ayudar, saciar y satisfacer a otros y a mi mismo por su puesto.
Mi peseta va para mis amigos cuando necesiten de ella. Mi peseta va para el ser especial que llegue a amar. Mi peseta va para el prójimo cuando se encuentre en necesidad. Mi peseta va para mí mismo cuando encuentro otra dichosa maquinita roja con dulces o un juguetito que me llame la atención. Así que si te preguntas si tengo una peseta que te preste, aquí estoy.


No comments:
Post a Comment